LOS HEROES DEL SERVICIO
NO NACEN, SE EDUCAN
Más vale que cada empleado sea bueno en lo que hace.
Muy bueno. Dar "servicio" ya no garantiza el éxito.
Apenas alcanza para entrar al juego. La regla de oro en
el mercado de hoy es crear pasión por su marca. Muy
al estilo de Apple Computer, Amazon.com, Niké, Coca Cola y otros, cuyos clientes están,
estadísticamente hablando, muy poco inclinados a
cambiarse a la competencia.
Pero hay un error fundamental al interpretar la lealtad
del consumidor. El "producto" no es la clave. De
nuevo, un gran producto es sólo el pase de entrada, pero
no un certificado para el éxito. Nada más común que
ver naufragar buenos productos. La clave de la
lealtad del cliente radica en la EXPERIENCIA de tratar
con una empresa o consumir una marca. Una
experiencia que incluye, claro está, al producto o
servicio como centro de la atención, pero que depende
de la GENTE que lo representa. Son las personas
[sus empleados], nos guste o no, quienes construyen
o destruyen la experiencia de tratar con su empresa
o consumir su marca.
Cualquier grandioso plan de mercadeo suena de
maravilla en la mesa de diseño o el salón de junta
directiva. Pero, afuera de la torre de marfil, la
realidad acecha. Pese a toda la tecnología del mundo,
al final del arcoiris el triunfo o fracaso de sus esfuerzos
de marketing pende del hilo de la satisfacción de sus
duramente-obtenidos-clientes. Ahora bien, dicha
satisfacción descansa sobre los hombros de [¡adivine quén!],
su FUERZA DE TRABAJO: no de los anónimos nombres de una
planilla de pagos, sino de los Jorges y Ana Marías del
mundo que se enfrentan cara a cara o indirectamente con
los clientes, día tras día.
Y allí, en las trinchera de las operaciones cotidianas, es
en donde se gana o se pierde la batalla por el corazón (o
más bien el bolsillo) de los clientes. Es sobre la espalda
y actitud de cada secretaria, contador, vendedor,
asistente, técnico, operario, empacador, conserje o
piloto de su empresa, fábrica, negocio o practica
profesional (y no sobre su nuevo sistema informático de
medio millón de dólares) en donde vive la
responsabilidad de la gloria o la ruina de un negocio.
Pero hay un problema:
¡ELLOS NO LO SABEN!
Enfrentémoslo. La empleados no vienen con
doctorados en servicio al cliente. Peor aún, ninguna
escuela o universidad enseña habilidades
interpersonales y el arte del servicio. Ni siquiera cómo
"caer bien", cómo escuchar o algo tan fundamental
como tratar con clientes enojados. Esto queda en SUS
manos.
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